Las redes sociales se han convertido en parte del entorno cotidiano de niños y adolescentes. Para muchos padres, la pregunta ya no es si sus hijos tendrán redes, sino cuándo y cómo. Permitirlas demasiado pronto o sin acompañamiento puede exponerlos a contenidos inadecuados, presión social y riesgos emocionales. Pero prohibir sin diálogo tampoco es la solución. La clave está en saber identificar si tu hijo está listo y cómo acompañarlo de forma consciente.
No es solo una cuestión de edad, sino de madurez
Aunque muchas plataformas establecen una edad mínima, la verdadera preparación no se mide en años, sino en habilidades. Un niño puede tener la edad “permitida” y aun así no estar listo emocionalmente para gestionar comentarios, comparaciones, mensajes privados o contenido sexualizado. Antes de abrir una cuenta, es importante evaluar si tu hijo sabe expresar lo que siente, pedir ayuda y respetar límites.
Señales de que tu hijo podría estar listo
Algunas señales positivas incluyen la capacidad de hablar abiertamente sobre lo que ve en internet, respetar reglas en casa, manejar la frustración y comprender que no todo lo que circula en redes es real. Si tu hijo entiende la diferencia entre privacidad y exposición, y acepta supervisión sin sentirse atacado, es una buena base para iniciar este proceso con acompañamiento.
El mayor riesgo: el contenido que aparece sin buscarlo
Uno de los principales peligros de las redes sociales es que el algoritmo no distingue edades ni intenciones. Basta un clic, un video sugerido o un anuncio para que los menores sean expuestos a contenido sexual, violento o inadecuado. Muchos niños no buscan ese material, simplemente se lo encuentran. Por eso, el acceso sin preparación ni supervisión deja su formación en manos de internet.
Acompañar antes que controlar
Abrir una red social debe ser una experiencia acompañada. Esto implica configurar cuentas privadas, activar controles parentales, definir horarios y hablar claramente sobre lo que es contenido peligroso y por qué. Pero, sobre todo, significa construir confianza: que tu hijo sepa que puede contarte si algo lo incomoda sin miedo a castigos.
Educar la mirada en el mundo digital
Más allá de filtros y controles, los hijos necesitan desarrollar un “filtro interior”. Enseñarles a cuestionar lo que ven, a no normalizar la violencia o la cosificación, y a reconocer cuándo un contenido no es sano, es una herramienta de protección a largo plazo. La educación digital también es educación emocional y ética.
Permitir redes sociales no es entregar un dispositivo, es iniciar un proceso de formación. Cuando los padres acompañan, dialogan y ponen límites claros, las redes dejan de ser una amenaza silenciosa y se convierten en una oportunidad educativa. La prevención no empieza cuando hay un problema, empieza cuando decidimos caminar junto a nuestros hijos y cuidar su mirada, también en lo digital.

