Cuando hablamos de seguridad en internet, una de las primeras recomendaciones que suelen recibir los niños y adolescentes es: «No hables con extraños».
Y aunque esta recomendación sigue siendo importante, hoy sabemos que no es suficiente.
En internet, algunos de los riesgos más serios pueden venir de personas que nuestros hijos ya conocen: compañeros de escuela, amistades, parejas o incluso personas de su círculo cercano.
Esto es especialmente importante cuando hablamos de acoso, violencia sexual y situaciones relacionadas con la exposición o intercambio de contenido íntimo.
La prevención, por lo tanto, no puede limitarse a enseñarles a desconfiar de desconocidos. También debemos enseñarles a reconocer comportamientos que cruzan límites, incluso cuando vienen de alguien en quien confían.
El dato que debería hacernos reflexionar
Un estudio reciente de UNICEF, ECPAT International e INTERPOL sobre explotación y abuso sexual facilitados por la tecnología en México encontró que aproximadamente 1 de cada 8 adolescentes usuarios de internet sufrió alguna forma de explotación o abuso sexual facilitado por tecnologías digitales durante un periodo de un año.
Pero hay un dato particularmente importante:
En casi 2 de cada 3 casos, la persona agresora era alguien que el adolescente ya conocía.
Principalmente se trataba de amistades, parejas o familiares.
Esto cambia la conversación.
No basta con enseñar:
«No aceptes solicitudes de personas que no conoces.»
También necesitamos enseñar:
«Que conozcas a alguien no significa que tenga derecho a cruzar tus límites.»
¿Por qué alguien conocido puede representar un riesgo?
Porque la confianza puede hacer que bajemos la guardia.
Un compañero puede pedir una fotografía íntima.
Una pareja puede insistir en recibirla.
Un amigo puede compartir un contenido privado «como broma».
Alguien puede amenazar con publicar una fotografía que recibió anteriormente.
Incluso puede existir presión dentro de un grupo de amigos para enviar, recibir o compartir contenido sexual.
En estos casos, el problema no necesariamente comienza con una persona que aparece de la nada en internet.
Puede comenzar con alguien que ya forma parte de la vida cotidiana del adolescente.
Por eso es fundamental que nuestros hijos comprendan que la confianza nunca elimina la necesidad de establecer límites.
«Pero es mi novio», «es mi mejor amigo», «solo estábamos jugando»
Estas frases pueden hacer que un adolescente minimice una situación que en realidad le genera incomodidad.
El cariño, la amistad o una relación de pareja no otorgan permiso para:
- exigir fotografías íntimas;
- presionar para realizar alguna conducta sexual;
- compartir conversaciones o imágenes privadas;
- amenazar con publicar contenido;
- humillar públicamente a otra persona;
- excluir deliberadamente a alguien de un grupo;
- difundir rumores;
- o utilizar información privada para ejercer control.
El respeto debe existir también dentro de las relaciones de confianza.
El acoso puede empezar como una «broma»
Uno de los problemas del acoso entre adolescentes es que puede presentarse inicialmente como juego.
«Solo era una broma.»
«No te lo tomes tan en serio.»
«Todos lo hacemos.»
Pero una broma deja de serlo cuando tiene como resultado humillar, intimidar o lastimar a otra persona.
UNICEF México señala que el acoso escolar puede ocurrir tanto presencialmente como en entornos digitales y puede incluir burlas, insultos, amenazas, exclusión y otras formas de intimidación.
En el entorno digital, además, el daño puede amplificarse rápidamente: una fotografía, un mensaje o un rumor pueden compartirse con muchas personas en cuestión de minutos.
¿Y qué pasa cuando el contenido es sexual?
El riesgo puede ser todavía mayor.
Una imagen íntima enviada en confianza puede ser compartida posteriormente sin consentimiento.
Un adolescente puede recibir presión para enviar una fotografía.
Alguien puede utilizar una imagen para amenazar o manipular.
Y una persona puede encontrarse expuesta a contenido sexual que nunca quiso recibir.
UNICEF México señala que la exposición no deseada a imágenes sexuales fue la forma más común de explotación o abuso sexual facilitado por tecnología identificada en el estudio Disrupting Harm México: 7% de los adolescentes usuarios de internet reportaron haberla experimentado.
Esto demuestra que la educación digital debe incluir algo más que contraseñas y privacidad.
También debe hablar de consentimiento, límites, presión, manipulación y respeto.
«Si alguien te hace sentir incómodo, puedes contármelo»
Una de las herramientas de protección más importantes es que nuestros hijos sepan que pueden acudir a nosotros.
Pero para que esto ocurra, necesitan estar seguros de que serán escuchados.
Un adolescente puede guardar silencio porque:
- siente vergüenza;
- teme que sus padres se enojen;
- piensa que no le creerán;
- tiene miedo de perder una amistad o una relación;
- cree que «no fue para tanto»;
- o teme que le quiten el celular.
De hecho, el estudio de UNICEF encontró que 32% de los adolescentes que experimentaron explotación o abuso sexual facilitado por tecnología no se lo contaron a nadie. Entre las razones estaban la vergüenza, no saber a quién acudir o pensar que lo ocurrido no era suficientemente grave.
Por eso, decirles simplemente «cuéntame si algo pasa» puede no ser suficiente.
Necesitamos construir una relación en la que realmente sepan que pueden hacerlo.
¿Cómo podemos preparar a nuestros hijos?
1. Enseñar que el consentimiento también existe entre amigos
Consentimiento no significa solamente hablar de relaciones de pareja.
También significa aprender a respetar fotografías, conversaciones, secretos, espacios personales y límites.
2. Hablar de la presión de grupo
Preguntemos:
«¿Qué harías si tus amigos te pidieran una fotografía que no quieres enviar?»
Practicar estas conversaciones antes de que ocurra una situación real puede ayudarles a responder con mayor seguridad.
3. Enseñar que pedir ayuda no es «acusar»
Un niño o adolescente puede preocuparse por meterse en problemas si cuenta lo que está ocurriendo.
Debemos transmitirle que pedir ayuda cuando alguien está siendo lastimado es un acto de valentía, no una traición.
4. No minimizar las «bromas»
Si nuestro hijo cuenta que alguien lo está humillando, excluyendo o amenazando, debemos escucharlo antes de decidir si «es algo normal entre adolescentes».
El acoso puede tener consecuencias importantes para el bienestar emocional. Entre las señales que pueden aparecer están el aislamiento, la pérdida de amistades, dificultades para dormir, disminución del rendimiento escolar o resistencia a acudir a la escuela.
5. Enseñarles qué hacer cuando ocurre
Ante una situación de acoso o violencia digital, es importante evitar responder impulsivamente o tomar represalias.
UNICEF México recomienda buscar a un adulto de confianza, guardar evidencias, cuidar la privacidad, bloquear y reportar al agresor cuando corresponda.
Si existe una amenaza inmediata o riesgo de violencia, debe buscarse ayuda de las autoridades y servicios especializados.
También debemos enseñar a mirar a los demás
La prevención no consiste únicamente en enseñar a nuestros hijos a protegerse.
También debemos enseñarles a no convertirse en parte del problema.
En una situación de acoso existen diferentes roles: quien agrede, quien recibe la agresión y quienes observan.
Los testigos también pueden marcar una diferencia.
La evidencia recopilada por StopBullying.gov señala que los compañeros están presentes en la mayoría de las situaciones de bullying y que pueden contribuir a detenerlas cuando intervienen de manera segura o buscan ayuda de un adulto.
Por eso podemos enseñarles preguntas sencillas:
¿Esto está lastimando a alguien?
¿Me gustaría que hicieran esto conmigo?
¿Qué puedo hacer para ayudar sin ponerme en riesgo?
La confianza también necesita límites
Enseñar a nuestros hijos a cuidarse no significa decirles que deben desconfiar de todo el mundo.
Significa ayudarles a distinguir entre confianza y consentimiento.
Podemos confiar en una persona y aun así decir «no».
Podemos querer a alguien y poner un límite.
Podemos tener una amistad y negarnos a compartir algo privado.
Y podemos pedir ayuda cuando alguien no respeta nuestra decisión.
Estas son habilidades que nuestros hijos necesitarán mucho más allá de internet.
El mundo digital no separa la vida real de la vida en línea. Las amistades, los noviazgos, los conflictos y las relaciones continúan en internet.
Por eso, enseñar a nuestros hijos a cuidarse no puede reducirse a una sola regla:
«No hables con extraños.»
También debemos enseñarles a reconocer la presión, respetar los límites, proteger la intimidad, identificar el acoso y pedir ayuda cuando alguien cruza una línea.
Y, sobre todo, debemos construir una relación en la que sepan que pueden acudir a nosotros incluso cuando la persona que les hizo daño es alguien que conocen.
Porque proteger a nuestros hijos no significa enseñarles a vivir con miedo.
Significa darles las herramientas para vivir con confianza, criterio y libertad.

